viernes, 11 de abril de 2014

Palabras de Hamlet




Qué es la nobleza y qué la acrecienta,
Qué vale el honor de una persona cuerda y hoy,
Cuál es el mérito de una persona noble y buena
Cuánta es la bondad necesaria para merecer bondades.

“Si a los hombres se los hubiera de tratar según merecen,
¿Quién escaparía de ser azotado?”
Si a los hombres  se les juzgara por sus sombras y no por sus luces
¿Quién escaparía?
Si a los hombres se les ocultaran todas sus partes nobles
¿Quién se quedaría a ver el castigo?

“Trátalos según  como corresponde a tu nobleza,
Y a tu propio honor”
No dispongas, a su juicio de maldad, tus acciones,
Pon ante todo, el juicio de tu valor y actúa en consecuencia
Preséntate ante el mundo como juez de ti mismo y no del resto
Y consuélate de saber que actúas valorando tu honor.

“Cuanto menor sea tu mérito, mayor será tu bondad”
Combatiendo el deshonor con deshonor, tan sólo eso queda,
Equilibra al mundo dándole aquello que le falta,
Cuanta más bondad arrojes a lo malo, menos malo quedará.

“Acompáñalos”
Y actúa, no te quedes ahí parado, observando lo acaecido en tu mollera
Lo que queda entre tus sienes sólo es real si lo liberas.



Palabras de Hamlet que se quedan,
Que se vierten en tu sien al recordarlas
Reventando ideas previas y llenando diques vacíos hasta ahora
Emitiendo clara y dulce una melodía de acierto, entre las sienes.
Ahora queda corregir al viento y volar en la dirección correcta,
Y al encontrar viajeros desperdigados oír entre las sienes un rumor,
Cercano,
real como una idea:
“Acompáñalos”

martes, 1 de abril de 2014

Viejos adornos para segundos de oferta



Viajando en estos segundos de oferta,
viviendo en horas anunciadas en televisión
cuando vives tan lejos de la meta
el camino va a algún sitio pero sin dirección

En las vías de este tren que va a mañana
Y que ayer volcó al volcarme en mis reflexiones
Volará sin rumbo, tras el viento en la ventana
Sin libertad ni eslabón que amarre sus pasiones

Cuando el mundo es mundo sin espejos
Ni colores añejos que adornen su pellejo,
Se refleja en su mirada lo que hay de nuevo, viejo,
Hay un dolor sin vida en esta herida que vagó entre adornos

Que se abre como un berberecho al calor de su cazuela
Siendo el calor la mala suerte y la cazuela la muerte
Que te viene bien y te resbala, por culpa de esta suela
Que está hecha para el mundo en el que el suelo es firme y fuerte
Y el cielo claro, las nubes venideras pasajeras y felinas
Que descargan sólo cuando hay que disparar a la carrera
Para mojar las flores que crecerán sobre tallos con espinas
Que denuncien vendavales que se pierden en las eras
Para encontrar el mundo con la masa entre sus manos
Que se llenan para aquellos desgraciados con poquita gracia
Contadores de estos chistes, que entristecen a cualquiera
Que colocan a cada cual en su panera, y si te sacia
Habrás tenido suerte en la actuación de la moneda,
Que chocó en aquella tarde, contra aquel pisado fuerte
Mientras pasaban viajando aquellos segundos de oferta,
Y volaba en aquel tren sin amarres  de libertad ni de cadenas.
Cuando el mundo era mundo, sin espejos,
Y la vida sin heridas ni reflejos, era sólo vida.

viernes, 21 de febrero de 2014

La mano temblorosa de Dios


Ocurre a veces que Dios escribe imperfecto en este mundo,
Ocurre que te toca y te desvías hacia abajo y sin correas,
Que te paras a observar demasiado tarde,
Cuando el lodo está encerrándote en él hoy,  y ya te rodea.
Ocurre a veces que la vida es puñetera y te putea
Ocurre que te toca y te hunde más, entre maldades ajenas,
Que te dispones  a salir y no se te presta el don de la fuerza
Ni la gracia infinita de Dios que te salve de tu pena.
Ocurre a veces y no hay explicaciones,
Solo palabras que circundan una idea inalcanzable,
Situada entre arenas movedizas que te hunden aún más,
Cuanto más oses buscarla.
Ocurre a veces que no existen argumentos, ni quien sepa,
Ni quien pueda volver al origen, el único momento salvable,
Ocurre  a veces que las cosas ocurren sin poder lanzar evasivas,
Ni ofensivas que las esquiven, ni manos que las gobiernen,
Ni ojos que las eviten.
Ocurren sin más, y no hay más vueltas,
Cuando el hoyo es profundo, ya no hay retorno,
Solo lamentos, penas y temores,
Y la dolorosa verdad de que hay cosas que ocurren,
Y no hay culpables ni azares, solo la mano temblorosa de Dios que a veces se desvía,
Y deja que ocurran estas cosas.



miércoles, 15 de enero de 2014

Creo que fue impresión mía.




La cama no es tan incómoda como parecía,
La perspectiva de acostarse vestido es rara, se ve todo distinto.
Ser un papel es complicado, más de lo que parecía.
Las luces que se esperaban nunca llegaron, quizá hoy todo sea distinto.

La cama es móvil, el mundo inefable, la estación otoño.
Se calla todo menos la máquina infernal, que te observa
Que habla en su idioma de rodillos, cabezales y sensores.
Tac! Tac!! Tac!! Tac!!!! TAC!!!!
¡Qué sensible es! No es como yo pensaba, es toda fachada
Te venden una prueba de vida o muerte,
Y te encuentras con una impresora, sin más.
No es natural, es paranormal, es para la cabeza.
Te escanea como si fueras otro apunte más,
¡Y seguro que ni entras para el examen final!
Y en caso de entrar… nadie se lo espera
Y te condenarán a ser el culpable de suspensos
Y de suspender para otro día tu final
Que al fin y al cabo no hay mejor condena a muerte,
Que la de dejarte vivir tranquilamente,
Sin escanear más tus pensamientos,
Ni poner a prueba tus nervios,
Ni traerte de cabeza tus dolores,
Más que para realizar de nuevo ese chequeo,
Que de forma natural tú te has impuesto,
Y que nunca jamás has realizado naturalmente.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Canción entre adoquines




Los adoquines fríos se refugian entre el gran silencio y nieve pisada,
Los colores grises se acomodan al sentirse en casa
Se dibujan en renglones que no riman,
Para esparcir sus dimensiones sin color:

Abajo la piedra, el asfalto y el adoquín de antes,
El charco entre ellos y la nieve que ya no es blanca,
Algo más alta la pared y sus escudos,
Y el cielo encapotado y protector
Más aun las mentes y sus pensamientos
Más los corazones tristes que pueblan ciudades
Y aun más el alma de quien quiere subir tan alto.

El viento es cegador, y arranca una lágrima
Que se congela antes de vibrar contra el piso gris
La soledad vertebra el corazón de los marchitos,
Que vagan con pena y sin gloria las calles empedradas,
Delineando círculos rectos que no van a ninguna parte

Y todo sigue igual, de desigual que aquella vez
El color que se sigue manteniendo,
En un punto entre el blanco y el negro
Y el frio congelando los infiernos terrenales de sus calles
Y todo sigue igual, se sigue viendo
De algún modo sin llegar al negro

Enfrente las calles, las luces y el abrigo de niebla
El hielo en un velo que cubre tu ventana
Algo más baja la hierba olivácea pero incolora
Y el suelo encapotado y su quietud
Más aun las manos y sus obras
Más los ojos que no ven el horizonte

Y todo sigue igual, de desigual que aquella vez
El color que se va oscureciendo,
En un punto entre blanco y negro
Y el frio congelando los infiernos terrenales de sus calles
Y todo va fatal, y sigue el viento
De algún modo congelando el tiempo...

...y aun más el alma de quien quiere subir tan alto.