miércoles, 14 de enero de 2015

De una noticia superviviente y cómo los pensamientos son efímeros




Recuerdo que estaba mirando a un punto fijo, buceando entre esos pensamientos que mientras existen son el punto sobre el que gira el universo y uno mismo, y que una décima de segundo después dejan paso a otro, y se difuminan, igual que su rango de importancia, pero no su olor, que se queda para siempre. Y cuando buceas entre éstos de vez en cuando sales a la superficie, la realidad, no por voluntad, sino por necesidad de dar una bocanada de aire y no morir ahogado en uno mismo. 

Recuerdo que era la época en la que todo el mundo, mucha gente cercana al mío, se hacía eco de una misma noticia: nadie sabe cómo ni por qué, alguien en algún lugar indeterminado del planeta, murió por estudiar demasiado. Bueno, lo cierto es que sí se sabía cómo dónde y porqué, pero la gente que se hacía eco de esa noticia carecía de tales datos, y por tanto es como si no se supieran. Corría el año 2008, y yo estudiaba, universitariamente hablando, por lo que en mi círculo era una noticia devastadora y divertida; para regalar. 

Lo cierto es que lo ocurrido data de Taiwán, de un chico llamado Wang de 16 años que murió de hemorragia cerebral por no descansar al estudiar (aunque según mi punto de vista existieron otras causas precursoras de la misma, y seguramente también tienen que ver con el cerebro), pero lo más curioso y sorprendente es que la noticia real es de otro año, pero no del año anterior ni del pasado, es del año 2002.

Para mi esta es la historia de una noticia real y sorprendente, que nació en la adolescencia de internet, cuando no todo eran pantallas ni conexiones, y había otros métodos para hacer las cosas. De una época en la que las noticias que sorprendían no se podían leer en internet y compartirlas en Facebook, sino que había que verlas en la televisión o incluso leerla en una revista o periódico físico, de esos que aun existen y que solo leen los señores en las cafeterías castizas, y contárselo de modo oral a tus congéneres, compañeros o personas allegadas con el beneplácito de la memoria y la rapidez del mundo real. Y así una noticia que es igual de interesante en 2002 que en 2008, viaja en el tiempo, hasta el pasado 2008, sobreviviendo como noticia antigua de las de “boca a boca” y hemeroteca, y consigue llegar hasta tan altas fechas de la era de la prensa digital, en la que cualquier persona, confesando su buen gusto por las noticias chorras, pero no por ello poco dramáticas, distribuye tan preciada nueva, que ya es vieja, entre sus colegas menos adyacentes en lo físico, e incluso a los más cercanos también, porque la red es tan extensa como para atrapar a todo el primer mundo y parte del segundo.

Recuerdo que entonces miré hacia el frente y vi como un gato salía de debajo de un Opel Corsa gris metalizado, agazapado entre las ruedas, miraba a un punto fijo y una centésima después salió despedido como un rayo hacia quién sabe dónde. Durante dos segundos observé como el gato salía de su agujero, y yo noté como el aire entraba, inundaba mis pulmones, y una sensación de salvación invadía mi universo. 

No recuerdo en qué estaba pensando, ni me importa, ni me va a importar nunca. Sin embargo, ahora que me doy cuenta, los gatos tienen una peculiaridad muy insana. No miran a los lados cuando cruzan la calle, tan solo a un punto fijo, amenazantes, como ensimismados en sus propios pensamientos, y eso, algún día, quizá a ese minino en concreto, le puede costar caro.

sábado, 4 de octubre de 2014

Ciudad de una edad media relativa



  


Como una ciudad que se da cremas de envejecimiento,
hoy la calle se tiñe de colores ocres y burdeos
los escudos de las paredes cobran sentido
y las mentes de los habitantes encuentran su sitio al fin.

Como un pueblo esperando sus días de gloria,
se desparrama su infinita calidez y su edad manifiesta
se colorean y maquillan las esquinas y sus gentes
y los pies de sus habitantes encuentran su sitio por fin

Como una casa vestida de novia en el día de su muerte,
por cuya puerta no entran pobres vestidos de paisanos
y por cuya ventana no entra el aire, ni sale, ya viciado,
y  cuyo anfitrión no va a alterar la vida por algo tan común.

Como una ciudad que se da aires de vejez,
las personas que la habitan se disfrazan de otras épocas,
dispares y lejanas pero antiguas a la vez,
acordes al clamor de lo cotidiano de esta historia,
cercano a lo que siempre llevan en el anverso de su piel
que aclama más longitud temporal a este entreacto
que concuerda con la vida proyectada por aquél
que prefiere una ciudad vieja y decrepita que es ella misma 3 días al año
a una ciudad joven y despierta que reclama su lugar 362.


martes, 2 de septiembre de 2014

Olvidemos a esa señora, hay que apuntar más alto.




El apuntador en esta escena apuntó demasiado lejos,
las señoras, con tupés en sus abrigos ya no andan sin más,
son precavidas y prudentes, con pensamientos viejos,
conversan entre ellas sin un solo argumento parcial.

El apuntador jamás se apuntó a ese cursillo
De listos que gobiernen con mano blanda y ley dura
No llegaba al listón ni de puntillas el muy pillo
Desde entonces, deprimido se chupa la dentadura

El apuntador alguna vez puntúo al más débil
le dio ganas de vivir y sueños de morir menos joven
y después le despuntó la vida estéril
y ya no era débil ni joven, andaba sostenido en los bemoles.

El apuntador dio la réplica y se marchó elegante
sabiendo que la mala copia no es su culpa
afrontando que su vida no va hacia adelante
y que su destino le lleva por una pendiente abrupta
que se escapa entre ladrillos adosados
y locomotoras esparcidas a ambos lados
de un camino que te estorba, puesto en medio
y señoras criticonas que te dicen “no tiene remedio”.
El apuntador entonces se arma de valor y de escopeta
y apunta.
Por fin apunta como debe apuntar un apuntador sin miedo.
Y dispara justo entre el cardado de una y otra y da de lleno
a la cometa que surcaba el cielo sin maldad ni beneficio
y ante la mirada dispensada de control y sorprendida
de la señora concreta que llevaba el diente pintado de carmín
se despide el apuntador no sin antes apuntar  bien alto y fuerte:
“Se me van dispersando señoras, la función ha concluido,
vuelvan a sus casas sin tupés en los abrigos,
y cuando por fin no estén, ya se habrán ido:
¡Demos gracias al señor por nuestro olvido!”
                                                                              FIN



jueves, 29 de mayo de 2014

Canción de la caída



La vida es una caída
Solo hay que saber caer
Ya lo dijo Harry Quebert
La vida está casi vencida
Solo hay que saberse vencer

El calor de una emoción se va deprisa
Irradiando hasta llegar a una espiral
Donde no descansa nada
Como en un baile frugal
Viaja y te encuentra a ti colgando en vilo
Donde solo existes tú y el vendaval
Para caldear tu alma, en calma,
Para rodearte y darte un respiro

El aire de levante ya te da en la cara
Dice que pongas un pie donde apoyar
Dice que no vuelques nada
Como en un baile en el mar
Buscas otra dirección donde ir colgado
Pero solo existes tú y tu vendaval
Y  un abismo donde caes
Y el viento dándote en la cara
Es un respiro…
Es un respiro.
Dice que estás vivo.

viernes, 25 de abril de 2014

La poesía no se programa




Los problemas de diseño  son la base de mis datos,
Los botones de la trenca tienen forma de tendencia
Si me abrigo sin requisitos me internarán de urgencia
En una sala sin ventanas,  por la que volver al hito

Los problemas de mis datos son la base del diseño
Los diagramas de mi mente son sentencias redundantes
Si reitero me repito entre clases itinerantes
Si confirmo el atributo la entidad pierde el valor

Y cuando llegue ese momento de la sentencia final
La ejecución será inminente y todo será un error,
O varios uno tras otro hasta que sin más y de repente
Sin aviso ni presente, todo vuelva a comenzar
Y se note en el ambiente
El dolor de ser un zote,
Un insufrible malhechor
De lo que has de realizar,
O has hecho en estos días,
O el viento ha rehecho.
Pero era tu tarea, no tu lamento, zopenco.